La Humildad de Cordero3 min de lectura

 

Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis. Juan 13:17 LBLA

Jesús sabía todas las cosas y aun sabiendo obró de una manera que nos deja ejemplo eterno y fundamental para nuestra vida cristiana.

Sabía que “su hora había llegado”, sabía que había llegado el momento del sufrimiento, pero también de la gloria, había llegado el momento de padecer, pero también de volver al Padre. Ante un evento tan importante podría haber estado enfocado en sí mismo, en sus necesidades, en lo que habría de venir. Sin embargo, Juan le da a este versículo un remate impactante, “como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. En estas horas tan decisivas para su propósito en la tierra, Jesús sigue enfocado en aquello que dio inicio a su misión: el amor hasta el fin. Jesús seguía amando a los suyos y pensando en ellos. Él sabía que era hacedor y dueño de todo, que tenía todo el poder, que merecía toda honra y gloria, pero humildemente siguió amando.

Sabía “que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba”. Jesús no necesitaba nada de los seres humanos, el Padre ya le había dado todo, no se sacrificaba por los hombres porque esperaba obtener algo a cambio. Había salido del mejor lugar del universo, del mismo Padre, desde allí venía, conocía lo mejor de lo mejor, el ambiente más precioso; podría haber sentido desprecio por el ambiente campesino y polvoriento en que vivían sus discípulos, por su simpleza, su falta de entendimiento, sus luchas y dudas pueriles. Sin embargo, el conocimiento de su origen y su destino lo acercó más al ser humano, a sus necesidades. El relato de Juan nos dice que fue entonces cuando se levantó y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. El Cordero que iba a ser inmolado sabía que estaba cerca el momento de retornar al Padre, justamente esa cercanía a Dios, lo acercó a la gente. Pudo tomar el recipiente para el agua y la toalla y lavar amorosamente los pies encallecidos y cansados, trayendo alivio y bienestar.

Sabía “quién le iba a entregar”, conocía que había un traidor, alguien que no valoraba su sacrificio, que no había entendido su amor, que no había podido ver de dónde procedía. Su corazón se hubiera podido llenar de amargura, no obstante… Judas, estaba entre aquellos a los que había amado hasta el fin, también al traidor le lavó los pies y no hubo reproche en ellos. El servicio humilde de Jesús no fue solo hacia quienes le amaban y aceptaban, sino aún hacia aquel que le iba a entregar.

Muchas veces se escuchan frases como: “¿sabes quién soy yo?” y con ella va un tácito reclamo de reconocimiento. Jesús sabía quién era y no pidió honra por ello, sino que sirvió humildemente, perdonó y amó, justamente porque sabía su identidad.

Nuestra identidad de hijos no se manifiesta por el reconocimiento de la gente sino por las humildes obras de amor que hacemos en Su nombre. Jesús no pidió gloria, se ajustó la toalla y suplió una necesidad. 🔥

Ser imitadores de la humildad del Cordero es: ver cuál es el significad actual de “lavar los pies” y hacerlo anónimamente, con amor, sin esperar nada a cambio.

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