La oración del cuerpo3 min de lectura

Por esa misma época, el rey Herodes empezó a perseguir a algunos de la iglesia. Ordenó que mataran a espada a Santiago, el hermano de Juan. Al ver que esto les había gustado a los judíos, Herodes decidió arrestar también a Pedro. Esto pasó durante la fiesta de los Panes sin Levadura. Después de arrestarlo, lo metió en la cárcel custodiado por dieciséis soldados. Herodes quería esperar hasta después de la Pascua, y luego iba a traerlo ante el pueblo para hacerle un juicio. Mientras Pedro permanecía preso, la iglesia oraba constantemente a Dios por él.

Pedro estaba atado con dos cadenas y dormía en medio de dos soldados. Había más soldados cuidando la puerta de la cárcel. Era de noche y Herodes había planeado llevar a Pedro ante el pueblo al día siguiente. De pronto, apareció un ángel del Señor. Una luz brilló en la celda, el ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:
«¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se cayeron de las manos de Pedro.
Luego, el ángel le dijo: «Vístete y ponte las sandalias». Pedro lo hizo y entonces el ángel le dijo: «Ponte la capa y sígueme». El ángel salió y Pedro fue tras él, sin saber si eso estaba pasando en realidad o si era una visión. Pedro y el ángel pasaron la primera guardia, luego la segunda y llegaron a la puerta de acero que los separaba de la ciudad. La puerta se abrió sola, Pedro y el ángel salieron, caminaron más o menos una cuadra y de repente el ángel desapareció. Pedro entendió lo que había pasado y pensó:

«Ahora sé que el Señor me envió de verdad a su ángel. Él me salvó de Herodes. El pueblo judío pensó que me iba a ir mal, pero el Señor me salvó». Hechos 12:1-11

Este hermoso pasaje no necesita mucho comentario, Lucas registró maravillosamente este suceso. Pero quiero centrarme en dos versículos que me parecieron impactantes. En la versión RV60 leemos:

«Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por Él». Hechos 12:5

Esta versión nos muestra cuál era la situación de Pedro, no solo estaba encarcelado sino custodiado. Es entonces cuando surge ese conector precioso, surge el pero. Había una realidad muy difícil, pero la iglesia hacía oración sin cesar, estaban abocados a interceder por Pedro.

«Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel». Hechos 12:6

¿Puedes imaginarlo? Pedro está encadenado y muy vigilado, ¿era tan peligroso?, por supuesto que no, pero en el fondo creo que los judíos y los romanos habían entendido que se enfrentaban a algo muy superior a ellos mismos.
Es entonces, horas antes de ser entregado para su ejecución que un Ángel se le presenta y las cadenas caen de sus manos. Este ser celestial le da orden de calzarse y vestirse y lo acompaña hasta atravesar la última puerta, pero ya sabes la historia.

Lo que me gustaría que nos quedara plasmado en el espíritu es que, sin importar lo difícil o aun imposible de los que estamos viviendo, aunque parezca que no hay escapatoria posible, que la sentencia es irrevocable, Dios oye la oración de su amada, la oración ferviente y constante de la iglesia.

Este pasaje me hizo pensar en aquel del libro de Josué cuando los israelitas van a tomar la ciudad de Jericó, pero sus puertas estaban “cerradas, bien cerradas”, como dice el texto. No hay puertas cerradas o asuntos irrevocables para Aquel que es Señor de todo.

Piensa en situaciones que parezcan imposibles de resolverse, ponte de acuerdo con otros hijos de Dios y oren creyendo y esperando el milagro. Él ya lo hizo, puede hacerlo y lo volverá a hacer.

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