Nuestra parte hacia adentro5 min de lectura

«¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?  Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.» Mateo 24:45-46

«Un sirviente fiel y sensato es aquel a quien el amo puede darle la responsabilidad de dirigir a los demás sirvientes y alimentarlos. Si el amo regresa y encuentra que el sirviente ha hecho un buen trabajo, habrá una recompensa.» Mateo 24:45-46 NTV 

Mientras las señales suceden fuera de la iglesia, dentro sigue habiendo responsabilidades.
Hay dos sucesos que ocurren dentro:

  1. La gran apostasía.
    «En esos días, muchos creyentes perderán la fe.» Mateo 24:10 (2 Tes.2:3).
  2. Muchos viniendo a Cristo.
    «Después de esto miré, y he aquí «una gran multitud, la cual nadie podía contar», de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;» Apocalipsis 7:9 

¿Quiénes son esta multitud?

«Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.» Apocalipsis 7:14 

Estas dos cosas implican directamente a la iglesia, entendemos que los que apostatan son los que no tuvieron las fuerzas para resistir.

«porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?» Apocalipsis 6:17

Por un lado, la iglesia tiene a los que ya pertenecen al cuerpo y necesitan ser fortalecidos, ser alimentados para no apostatar. Por otro lado, tiene a los recién nacidos, en medio de toda la convulsión. Y, mientras hacia afuera predica el evangelio, hacia adentro alimenta a la casa. Esa es la tarea que tenemos en los postreros tiempos.

 «Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.» Lucas 12:43-45

Ya hemos hablado de nuestra responsabilidad en la predicación del evangelio. Hablemos hoy sobre cómo alimentar la casa.

Este mandato no tiene distinción, no es para algunos, no es de acuerdo a oficios o ministerios. Dar alimento es para todos los siervos que anhelen ser obedientes al llamado de los postreros tiempos.

Los padres primerizos casi siempre tienen temor de no sentir a su bebé llorar en la noche, pero se sorprenden de cuán liviano se vuelve su sueño, de tal manera que aun escuchan una variación en la respiración de su hijo y eso los despierta. Hay una demanda de amor que activa algo que no estaba en lo natural. Lo mismo ocurre ante la demanda de los últimos tiempos, son necesarios los maestros “elaboradores de comida nutritiva” para el cuerpo. Y tal vez digas: “yo no tengo el llamado o el don”, pero si tu espíritu siente la emergencia de tantos siendo engañados, de tantos muriendo literalmente en sus pecados, volviendo atrás porque no tuvieron solidez en la enseñanza, entonces ese sentido de prisa te hace convertirte en alguien que guía, que enseña.

Ahora bien, nadie puede dar de lo que no tiene, es por eso que urge que seamos diligentes en atesorar la Palabra de Dios, en entenderla y obedecerla. La mujer virtuosa de Proverbios es un ejemplo de ello.

«Es como nave de mercader;
Trae su pan de lejos.
Se levanta aun de noche.
Y da comida a su familia

Proverbios 31:14 -15

Esta mujer “trae su pan desde lejos”, nos habla de algo conseguido con esfuerzo, tomando tiempo para ello, yendo más profundo. No es un simple conocimiento, es algo que se adquirió diligentemente. “Se levanta aun de noche”, todavía no se ve nada, pero ella ya tiene el alimento, ya tiene la ración para toda la casa. Hoy muchos se encuentran desprevenidos, los sorprende el día y sus hijos les plantean la ideología de género u otras cuestiones, no se “levantaron de noche”, no pudieron anticipar tener el alimento antes que se dieran las señales de hambre. La noche todavía no se hizo totalmente oscura, seamos precavidos, levantémonos de la postración, de la indiferencia, de pensar que alguien más lo hará, hay un alimento que solo tú puedas dar.

«Si el amo regresa y encuentra que el sirviente ha hecho un buen trabajo, habrá una recompensa.» Mateo 24:46

Que mi casa y mis allegados sean salvos en aquél día ya es suficiente recompensa, pero habrá más aun. Sin embargo, no lo hacemos por la recompensa sino porque queremos ser coherentes con los tiempos finales y dar el fruto que corresponda a ese momento, queremos ser colaboradores en Su venida.

Hoy oro para que seas apurado por un hambre de Su Palabra como nunca antes tuviste, oro por tu entendimiento, que se abra y puedas ver y asir los tesoros escondidos y bien guardados. Oro para que tu mente se aclare de tal manera que puedas explicar las doctrinas más profundas de manera que hasta un niño las entienda. Que la revelación de las verdades eternas salte desde las páginas hasta tu mismo espíritu, haciéndolas una prótesis firme para que nada ni nadie te quiebre o confunda. Oro para que tus labios sean traductores de los misterios celestiales, de los designios eternos y de la perfecta voluntad del Padre. Amén

Estela Ortiz

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