Nuestra responsabilidad hacia afuera.4 min de lectura

«Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.» Mateo 24:14 

Para que vuelva el Señor hay varios hechos que tiene que ocurrir, algunos son totalmente ajenos a nuestra competencia, por ejemplo, que el templo de Israel sea reedificado. Con respecto a estos eventos externos nada podemos hacer, pero hay algo que si es nuestra tarea. Cuando leemos “será predicado”, sería bueno hacerlo personal, porque de la manera en que está redactado da la idea de que alguien lo hará, pero no necesariamente tengo que ser yo. Eso hace que, si alguien lo hará, sean muy pocos los que se sienten identificados, entonces casi nadie lo toma para sí mismo. Podemos parafrasear este pasaje de manera de hacerlo más personal:

“Cuando nosotros hayamos predicado el evangelio hasta lo último de la tierra, entonces vendrá el fin.”

La Biblia Lenguaje Sencillo traduce ese versículo:

El fin del mundo llegará cuando las buenas noticias del reino de Dios sean anunciadas en toda la tierra, y todo el mundo las haya escuchado.

Esto nos lleva al mandato de “ir y predicar el evangelio”. Hay una relación directa entre la propagación del mensaje del evangelio y el retorno de Cristo. Muchas veces decimos y cantamos que anhelamos Su regreso, pero si realmente es así, el anuncio de las verdades eternas tendría que ser una urgencia en nosotros.

A través del tiempo el mensaje se ha desvirtuado y la “buena noticia” se ha limitado a que Dios sana, prospera y nos da cosas placenteras. Entonces parece que si la persona no está enferma o en pobreza no sabemos cómo predicarle.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la buena noticia? ¿Por qué esa notica es relevante para todos? Una de las cosas que nos frenan para compartir el evangelio es la falta de entendimiento del alcance tremendo de esa buena noticia. Es una notica que tiene varias aristas, varios lugares desde observarla y que la hace totalmente maravillosa.

La podemos mirar desde Su Obra:

  • Lo que hizo: Él es nuestro Creador, nos amó y eligió desde la eternidad, nos perdonó y pensó en nosotros, proveyéndonos un Salvador, aunque no lo merecíamos; dio su vida por nuestros pecados, pagó nuestra deuda y nos redimió, además de todo eso abrió el acceso a su presencia y así poder degustar lo que Pablo llama “los poderes del siglo venidero”, nos dio una esperanza bienaventurada, nos dejó dirección a través de su Palabra y del Espíritu que mora en nosotros.
  • Lo que hace: vive para interceder por nosotros, está junto a nosotros hasta el fin, nos da poder, es el generador del fruto, habita en nosotros, nos habla, nos consuela, nos empodera, nos da coraje, es el lugar de nuestro reposo; es el camino que nos conduce, la verdad que nos rige, la vida que nos da plenitud, quien seca nuestras lágrimas y la fuente de nuestro gozo, nos purifica, santifica, convence de pecado, justicia y juicio, Nos está quitando las manchas y alisando las arrugas para prepararnos para la boda eterna, entre muchas otras cosas.
  • Lo que hará: está preparando un lugar para que estemos donde Él está, vendrá por su iglesia, ganará la victoria por nosotros, pondrá a todos sus enemigos debajo de sus pies, nos dará del árbol de la vida, no sufriremos el daño de la muerte segunda, nos dará a comer del maná escondido, nos pondrá un nombre nuevo, nos dará autoridad sobre las naciones y reinaremos con Él, seremos vestidos con ropa nueva, nos hará columnas en su templo y nos hará sentar en su trono, entre otras muchas cosas.

Cada una de las cosas que hemos mencionado son parte de la buena noticia, ¿te das cuenta que hay muchísimo para compartir, que el evangelio no se trata solamente de que Dios sane alguna dolencia o provea momentáneamente, sino que es mucho más grande?

Lo podemos mirar desde Su Persona:

  • El Padre nos creó, llamó, proveyó salvación, nos amó hasta lo sumo y anhela que seamos familia con Él.
  • El Hijo, se entregó por nosotros, ocupó nuestro lugar en la cruz pagando por nuestra culpa y restaurando nuestra relación con el Padre.
  • El Espíritu, está con nosotros cada día, es nuestro ayudador y consolador.
  • Dios en plenitud abrió Su casa para que moremos con Él eternamente y esa morada se verá completamente al final de esta era, cuando se establezca su reino de justicia.

Anhelamos que el Señor vuelva, que instaure su reino de Justicia, que se muestre, conocerle cara a cara, soñamos con ello. Pero no sucederá hasta que el evangelio sea predicado a todas las naciones. Y esa es nuestra responsabilidad y privilegio, ¿lo aceptas?

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